Tradicionalmente, la percepción social de la mujer prostituta ha alternado entre la categorización de la "viciosa", mujer "perdida" por su naturaleza sexual insaciable, o bien la mujer obligada a ejercer la prostitución para beneficio ajeno. Los diferentes tratados de las Naciones Unidas sostienen que toda prostitución es forzada: las personas sospechosas de pedir o aceptar dinero a cambio de sexo son rotuladas como víctimas y deben ser "protegidas", aun en contra de su voluntad. Las prostitutas migrantes, sobre todo si son menores de edad, deben ser deportadas "por su propio bien". No deja de ser significativo, por tanto, que sean las víctimas de la explotación las que son perseguidas y condenadas con mayor frecuencia que sus explotadores. Holgado Fernández, Isabel: Las nuevas retóricas de la inmigración femenina |