La mujer es cuerpo. Por eso es ella la que muerde la manzana, ella es la que tiene el apetito, el deseo, la boca... mientras el varón arremete teatralmente al diálogo del ser y el no ser con una calavera, que significativamente, no podrá contestarle. Eso nos han dicho, eso nos dice nuestra cultura patriarcal. Por eso, cuando los escolásticos medievales se plantean si la mujer tiene alma, no están tanto esbozando una pregunta como una afirmación en su juego de disecciones y polaridades maniqueas, que es fundamentalmente cuerpo. Amparo Serrano de Haro: Imágenes de lo femenino en el arte: atisbos y atavismos |