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Para los antiguos la mujer representa la stasis, palabra griega que denomina el desorden. Basta mencionar un par de mitos en los que abreva toda la cultura occidental: Eva muerde el fruto prohibido y es expulsada por Dios del Paraíso. Y junto con ella y con Adán, todos sus descendientes estarán condenados al trabajo duro y a parir con dolor. Pandora, por su parte, representa a la mujer como cruel azote a la humanidad. Hesíodo, poeta griego que vivió en el siglo VIII aC., en su Teogonía hace decir al enfurecido Zeus, a quien Prometeo le roba el fuego para entregárselo a los hombres: "A cambio del fuego mandaré a los mortales un mal, al que todos sin embargo halagarán amorosamente como si no se tratara de una desgracia". Luego manda a Hefesto a construir una figura con tierra y agua y le infunde vida.

Después le ordena a Atenea que le enseñe "las labores de mujer y el tejido del lienzo de mil colores" y manda a Afrodita a comunicarle "el doloroso deseo, además de la inquietud que destroza los miembros". "Antes de eso –escribe el poeta– la raza humana vivía en la Tierra al amparo y abrigo de todo mal, de la dolorosa fatiga y las dolorosas enfermedades que acarrean la muerte a los hombres. Pero la mujer Pandora, al levantar con sus propias manos la ancha tapa del ánfora que las contenía, derramó y esparció sobre los hombres los más nefastos pesares". Sí, pero también se rompe la lógica circular y se inaugura la historia.

Cosin, Virginia: Hombres sí, maridos no

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