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Durante buena parte de las últimas décadas ese rol central en el catálogo de destinatarios principales del sistema penal, encarnación de algún modo de lo que en el tránsito del siglo XIX al XX acostumbraba a denominarse ‘clases peligrosas’, fue ocupado por el drogodependiente, fundamentalmente heroinómano. Durante las últimas décadas del siglo XX, el toxicómano se inserta de forma masiva en los circuitos del sistema penitenciario, impulsado por las servidumbres de un mercado cuya ilicitud genera unos precios completamente desorbitados, que le impele bien a la comisión constante de pequeños delitos patrimoniales, bien a integrarse en los estratos inferiores del comercio de drogas ilícitas. Si bien no constituía su objetivo fundamental, este internamiento masivo de los toxicómanos fue una de las consecuencias de la prácticas de la denominada Guerra contra las Drogas (War on Drugs), vector fundamental de orientación de la Política Criminal oficial de múltiples países occidentales durante las últimas décadas del s. XX.
(…)
El nuevo destinatario por antonomasia del sistema  penal, el sujeto paradigmático de su actual clientela, es el migrante.

Brandariz García , José Ángel:
La construcción de los migrantes como categoría de riesgo.