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Las primeras denuncias acerca de la inhumana situación de las prisiones la llevaron a cabo las mujeres y las primeras manifestaciones, necesariamente muy esporádicas y breves, fueron las que hicieron las mujeres de preso a las puertas de las cárceles o en procesión por las poblaciones en marcha hacia las mismas. La Voz del Preso era una sección de Radio España Independiente que mantenía el Partido Comunista de España (PCE) en la que los penados exponían su situación dentro de las cárceles y que llegaba por vía de las visitas de las mujeres a las cárceles. La Asociación de Mujeres Antifascistas (AMA) fue la única organización superviviente de la República que mantuvo lazos de conexión entre el PCE y los presos, aunque su ayuda fue muy limitada y dirigida desde el exterior. Los actos reivindicativos de estas mujeres se producían cuando se concentraban, con sus hijos, en las puertas de las cárceles o cuando marchaban de forma ostentosa a través de los paseos de las ciudades en donde estaban los centros penitenciarios, dejando constancia de su condición de mujeres de preso. Realizaban reuniones a las puertas de las embajadas, encierros en las iglesias y recaudaban dinero y avituallamiento para los presos.

Pilar Díaz,
La lucha de las mujeres en el tardofranquismo: los barrios y las fábricas