El otro como objeto sexual se inscribe dentro de las representaciones del Sur-como-Paraíso propias de los reportajes turísticos y la publicidad comercial. Las tierras vírgenes concebidas como lugares donde supuestamente pervivirían exóticos modos de vida más naturales, ajenos a la explotación del tiempo característica de las sociedades industrializadas, se ofrecen directamente como espacios de ocio en los anuncios de las agencias de viajes y vacaciones. El acceso a esa experiencia de lo auténtico también suele proponerse de un modo simbólico, a través del consumo de productos (bebidas, ron sobre todo, o tabaco) asociados a lugares (principalmente el Caribe) que evocan lo primigenio, lo primitivo y directo, deshinibido y ligado al ocio, la fiesta y la alegría de vivir… la fantasía colonial de la disponibilidad total de los cuerpos. El Sur, mercancía absoluta. |