La burguesía no podía correr el riesgo de convivir con los miserables, entre otras cosas porque el odio aumentaba jornada laboral tras jornada laboral. Había conquistado definitivamente el poder con la revolución de 1848, pero no tenía barrio propio. La primera y gran planificación urbana de la historia moderna es, pues, una estrategia de clase pensada para reorganizar zonas y funciones en la ciudad. Pone a cada uno en su sitio. Manda a los unos a una periferia mal construida y con pocos servicios y a los otros a sus zonas residenciales con amplios espacios verdes bien protegidos y comunicados. La jerarquía pasa a ser horizontal, y el urbanismo se consagra como técnica política al servicio de la nueva sociedad. |