Predicar mortificaciones para el cuerpo y el sufrir con paciencia la pobreza y la humillación como camino expedito para conquistar el cielo, a un pueblo que padece hambre y muchas carencias elementales, es de un sadismo feroz, y resulta (intencional o no) una concepción del Hombre que se vuelve cómplice de la peor explotación. |