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Predicar mortificaciones para el cuerpo y el  sufrir con paciencia la pobreza y la humillación como camino expedito para conquistar el cielo, a un pueblo que padece hambre y muchas carencias elementales, es de un sadismo feroz, y resulta  (intencional o no) una concepción del Hombre  que se vuelve cómplice de la peor explotación.

Eduardo Gómez, La Iglesia Católica y la Educación