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Ser un alter ego significa servir de basurero en el que se vierten todos los presentimientos inefables, los miedos no expresados, los autodesprecios secretos y las culpas sobrecogedoras como para pensarse; ser un alter ego significa servir de exhibición pública de lo más secreto de lo privado, de demonio interno destinado al público exorcismo, de efigie en la que poder quemar todo lo que no se puede suprimir. El alter ego constituye el oscuro y siniestro telón de fondo sobre el que el ego purificado puede brillar.

Zygmunt Bauman: La postmodernidad y sus descontentos