Cuando era una niña, me llevaron en el tren a las nubes de Salta, Argentina, en un maravilloso viaje "por el cielo". En el trayecto, escuché como alguien le decía a su interlocutor que en el mundo hay personas que nacen para locomotoras mientras otras sólo son vagones, y que así como hay locomotoras con “buenos destinos” y otras que llevan a “la perdición”, los vagones son sólo eso: vagones; da igual a dónde vaya la locomotora… Los vagones llegarán al destino que sea o se despeñarán con ella. Yo, por aquel entonces era, como les decía, una niña; pero me quedé muy impresionada por aquellas palabras y pensé mucho en ello. Creo que ese mismo día nací cómo ácrata. |