Frecuentemente en los debates sobre prostitución, se contrapone la erradicación a la legalización, lo que ofrece una visión de la prostitución homogénea y estigmatizadora. La realidad, como sabemos, es diversa por lo que la prostitución también se puede dar de muchas formas, estar motivada por causas diversas, etc. Esto, que nos puede resultar una obviedad, no se suele tener en cuenta a la hora de establecer políticas públicas para abordar la prostitución. Especialmente, hay que diferenciar aquellas situaciones en las que se obliga a una persona a ejercer la prostitución en contra de su voluntad, mediante la violencia, el chantaje, la coacción o el engaño, de la ejercida por voluntad propia. En este sentido, las estrategias |
que utilicemos para tratar un caso u otro serán diferentes. Estaremos de acuerdo en que, para el primer caso, es absolutamente necesario que se pongan todos los medios para erradicar estas situaciones de vulneración de los derechos de las personas. Pero este hecho no debe confundirse con otra necesidad: otorgar derechos a las personas que ejercen la prostitución de forma voluntaria, para que puedan desarrollar sus vidas y sus trabajos en las mejores condiciones, y se elimine el estigma que tanto pesa, fundamentalmente, sobre las mujeres. Noemi Parra Abaúnza,
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