La retórica colonialista construye al otro a partir de una serie de rasgos – su pereza, de la que ha de redimirse mediante el trabajo manual, su ingenuidad, su inferioridad intelectual, su atraso cultural, moral, ético y estético - que justifiquen su necesaria tutela. Esta estrategia de inferiorización e infantilización es la que explica la recurrencia del diminutivo para refererirse al colonizado. La imagen del negrito es la cara amable y asumible del peligroso salvaje caníbal, y la negra o la mulata como animal sexual. |