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La condición de catalán siempre fue un rango social reconocido en la vida cubana por una razón muy sencilla: la última colonia española acogía, incluso tras la independencia de 1898, una importante inmigración de comerciantes catalanes, a menudo ayudados por las redes activas de familiares y compatriotas. El historiador cubano Manuel Moreno Fraginals afirma que el casal catalán de Cuba, fundado en 1841 con el nombre de Societat de Beneficencia y que sigue en pie, llegó a ser tildado de segundo palacio de los capitanes generales y tenido por una poderosa fuerza de presión política. Uno de los tres diputados españoles de Cuba en las Cortes liberales de Cádiz fue el catalán de Matanzas Tomàs Gener i Bohigas. El líder de la independencia cubana José Martí era hijo del militar nacido en Valencia en 1816 Mariano Martí Navarro. Tres presidentes de la nueva república independiente eran de ascendencia catalana: José Antonio Barnet, de 1933 a 1935 (nacido en Barcelona), Ramon Grau Sanmartín, de 1944 a 1948 (nacido en Pinar del Río de padre de Canet), y Carlos Prío Socarràs, de 1948 a 1952 (nieto de un capitán catalán).

La proliferación de catalanes en Cuba se concentró en el comercio y la pequeña industria, con ejemplos de tanto renombre como la Destilería Bacardí, fundada en 1862 por Facund Bacardí Masó, de Sitges, o la marca de cigarros Partagás creada en 1845 por el hijo de Arenys de Mar Jaume Partagàs Rabell. Nacido en Lloret, Narcís Gelats fundó uno de los bancos más reputado de La Habana, y el barcelonés Ramon Pintó Lliras, el influyente periódico habanero Diario de la Marina. La abundancia de botiguers catalanes daría pie a la expresión “el catalán de la esquina” para designar cualquier establecimiento de comestibles. El lobi catalán no despertaba solo simpatías, como se deduce de la cuarteta: “En el fondo del barranco/ canta un negro con afán:/ ay, quien pudiera ser blanco/ aunque fuera catalán”.

Xavier Febrés, El “catalán de la esquina”

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